La importancia de los Juegos alcanzó su cumbre con el establecimiento en el año 884 A.C de la Tregua Sagrada. Un acuerdo por el que las ciudades griegas se comprometían a detener momentáneamente las guerras. A partir de ese momento se empezaron a celebrar cada cuatro años, de modo que la semana posterior a la Olimpiada se dedicaba a resolver los conflictos bélicos.
En la antigüedad las principales competiciones que se llevaban a cabo se realizaban a pie. En los tiempos de la Grecia clásica los eventos se desarrollaban en arenas repletas de simpatizantes de los corredores, quienes a su vez representaban a las aldeas.
Los competidores ofrecían sus triunfos a sus dioses y se presentaban desnudos y descalzos en la arena, predicando la belleza del cuerpo humano, motivo por el cual no se permitía el acceso a mujeres.
La arena sobre la que corrían los participantes se construía en forma de óvalo con una longitud de 300 varas, (333 metros). Una vez que los corredores tomaban la salida, el evento consistía en dar determinadas vueltas a la arena.
El ganador era coronado con una rama de olivo y obtenía el reconocimiento de ser el más rápido y era tratado como un semidios.
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